Empezó a practicar fútbol de casualidad en Universitario, pero está muy ligado a Atlético Paraná, el club del cual es hincha. Su objetivo era ser futbolista profesional aunque ese sueño se vio truncado varias veces pese a haber intentado en equipos de renombre del fútbol argentino. Hoy juega con los veteranos y además entrena a su hijo en las formativas de la U.
Su apellido está ligado íntimamente al Club Atlético Paraná, pero los primeros pasos los dio en club Universitario de la capital entrerriana, donde hoy se desempeña como entrenador de las categorías formativas. “Empecé de casualidad a los 9 años porque no quería jugar al fútbol.
Vivía en un barrio casi sin chicos (Soler casi Don Bosco) y después nos mudamos a Paraná V y ahí si empecé a jugar con más vecinos de mi edad. Después por mi tío fui a jugar a la U porque faltaban chicos, jugué el Torneo Confraternidad y desde ahí no paré”, recordó Panelli que también pudo haber empezado en Don Bosco, por el pasado de su padre y otros parientes en el salesiano. “En ese momento no quise saber nada y me quedaba jugando en el barrio no más”.
Años más tarde, después de un parate de unos meses del deporte “porque me desenamore” y luego continuó su carrera en Atlético Paraná. “Un amigo del barrio me insistió para ir a jugar a Paraná. Como tenían buena categoría 79 pensé que no iba a jugar por eso no quería ir. Fui a probar con Osvaldo Velázquez, me dio la 11 y desde ahí no paré más”, contó.
Con 16 años, Ariel pegó el salto a Primera. “En el último partido de la temporada el Chavo Comas, el DT, entré como suplente un rato. Al año siguiente vino el profe Amarillo y ya tuv más regularidad”, contó el exfutbolista que tiene en su historial 7 títulos de Liga Paranaense.
“Ser jugador era mi sueño y me dedicaba plenamente a eso. Hasta los 22 años fue una época que quería jugar al fútbol y jugar profesionalmente. No se dio pese a que tuve pruebas en Ferro, Newell’s, Unión. Además uno con la edad se da cuenta que no va a trascender, le veía lejano”, manifestó Ariel.
Sobre los procesos de examinación que tuvo que atravesar, Panelli reconoció que fueron pruebas raras. “Me fue bastante bien, pero por ahí jugas 5 minutos y te volvés a tu casa o como me pasó en Unión que fui a varias pruebas pero después se diluyó”.
En simultáneo con la práctica deportiva, Ariel comenzó una nueva etapa en su vida dedicando tiempo al trabajo como forma de ayudar económicamente a su familia tras el desempleo de su padre. “Mi viejo trabajaba media mañana en el club Paraná, entonces para colaborar con la casa y demás hice de todo. Fui repartidor de gas, fletero, verdulero, ayudante de albañil, cadete hasta que pude entrar a trabajar en el IAFAS”, reconoció.
“Había días que salía a repartir gas a las 3 de la mañana, terminaba a las 14, me comía un sándwich arriba del camión y me iba a entrenar. Es algo que te enseña porque es parte de la vida, del camino. El fútbol me dejó un montón de cosas: mucha alegría, tristezas y empleos para la vida misma como la resiliencia, el soportar las situaciones pero todo con total disfrute”, contó el exfutbolista.
Analizando su carrera, Panelli reconoció que su mejor versión la tuvo en las temporadas 2001-2002. “Con Carlos Céspedes anduve muy bien, teníamos un equipó con muchos chicos del club. Ahí jugaba como enganche, mediapunta y podía moverme libremente, estaba muy bien físicamente y Hernán Sosa, que fue un crack, me decía que no me de vuelta que él se encargaba. Jugué con muchos grandes jugadores pero me acuerdo especialmente de él porque rendí mucho ese año”, sostuvo
“Me hice hincha de Paraná. En mi casa nunca hubo mucho fanatismo por un club, si tiraban por Don Bosco por el pasado de mi viejo. La U siempre la tengo en mi corazón y me emociona ver tanta gente en el club con gente con mucha pertenencia y me hace recordar esos años que estuve”, señaló Ariel que junto a su padre, Roberto, mantienen una gran pertenencia con el Decano paranaense.
“Mi viejo fue reconocido por el club. Fue canchero, utilero, de todo. Él abría el club y lo cerraba todos los días, hacía de todo y como familia estábamos todos colaborando. Mi hermano Alejandro jugó conmigo en Primera, el otro (Javier) jugó en Sub20”, contó
EN LAS FORMATIVAS
En la actualidad, Ariel colabora en las formativas de Universitario, más precisamente en la categoría 2012, donde juega su hijo. “Diego Jacob llevó a mi hijo al club después de dirigirlo en una escuelita y yo primero acompañaba desde atrás del alambrado. Después Diego me invitó a darle una mano como entrenador”.
Dirigir a su hijo no le significa un problema “porque los puntos están muy marcados y él es un jugador más. Trato de no ser más exigente y no le doy privilegios porque sería injusto”.
A los 47 aún sigue despuntando el vicio jugando los fines de semana con la agrupación Camioneros en la liga amateur Altos del Paracao. Sin embargo reconoció que estuvo un par de años alejado del fútbol. “Desde que mi hijo empezó a jugar volví. Pero me alejé porque se había cerrado una etapa, la de jugador, y por diversas situaciones me alejé porque la vida me llevó a otras actividades”, relató Panelli que dejó de jugar con 28 años.
“En 2005 tuve una lesión en el tobillo, volví al tiempo pero ya estaba desmotivado. No quería irme así del club, además estaba jugando mi hermano. El Pepo Berón me invitó y sin hacer pretemporada me puse a punto, jugué un par de partidos pero se me cortó el ligamento de la rodilla izquierda. Ahí dije ya está”, comentó.
OTRA FACETA
Otro de los talentos de Ariel Panelli, del cual no lo explota públicamente pero lo hace con muchas ganas, es el canto. Fanático de Fito Paéz “los domingos antes de jugar la rutina eran las pastas de la vieja y un disco de Fito para meterme en partido”.
“Y también me gusta mucho Abel Pintos, que lo sigo desde que cantaba folklore. Además que me gusta la música melódica, el rock nacional y otros. Me gusta cambiar, es algo que heredé de mi vieja que mientras cocinaba solía cantar”, contó Ariel.
LA FAMILIA
“Los domingos mi familia, mis viejos y hermanos, juntaban todo e iban al Mutio. Mi vieja con el almohadoncito porque iba a la tribuna de calle Maciá. Era un ritual con mucha alegría, siempre sintiendo su apoyo, jamás me reprocharon nada. Siempre tengo los mejores recuerdos”, contó sobre su familia.
“Mis padres son todo. La imagen del sacrificio, de la entrega absoluta por sus hijos, por la familia. Nos dieron absolutamente todo, trabajaban todo el día. Son mis amores que me enseñaron todo. Son mis grandes ejemplos, mi viejo (Roberto) más. Nunca escuché a una persona reprocharle cosas”, manifestó.
Y destacó también a la familia que conformó con su esposa. “Con ellos, con mis hijos vuelvo a vivir todo eso pero desde otro lado”.
“Mi camino en el fútbol fue hermoso. Creo que se comparten las vivencias con mucha gente que le dedicó la vida al fútbol. Con mucho amor, mucha dedicación, muchos sueños, mucho sacrificio y el acompañamiento de todos mis seres queridos”, señaló emocionado al recordar su infancia y el desarrollo en su etapa deportiva.
“Mi viejo nunca tuvo auto, siempre andábamos en colectivo o caminando. y toda la familia salía para acompañarme a donde sea. Eternamente agradecido por eso”.